Palacio de San Francisco
Bogotá
3 de octubre de 2025

Taller Cosmomorfas, tecnologías colectivas del Sueño. En el marco de Mátrix Vegetal de Patricia Dominguez

Mayor Luis Alberto Aguillón:
En primer lugar, pues, mi nombre es Luis Alberto Aguillón Chindoy, pertenezco a una comunidad indígena del pueblo kamëntsa biya que es del alto Putumayo. Vengo de la descendencia de unos Mayores, de los caciques, que fueron médicos tradicionales. Entonces, desde ahí parte la historia del sembrado ¿no? de los Mayores, para que tengan ese camino de la medicina tradicional. 

Entonces, les voy a comentar, desde… No, les comento desde cuando nacía, porque es mejor desde cuando nací. Como mis Mayores eran médicos, pues ya iban sembrando algo: cuando nace, cuando nace el niño ya, ya nació, y le van con este dedo así, ya le van, medio así, sobando; para que vaya sembrando, y vaya pegando. Entonces desde ahí, ya va, el niño ya va, cuando un niño ya va así, ya le van haciendo probar de a poquitico le van haciendo probar. Entonces cuando yo era niño ya, me acuerdo tanto que yo tomé Yagé, cuando era niño, y me daba oscuridad, no era tan fácil, pues como… algo fuerte. Entonces ya, en mi adolescencia, ya iba creciendo, y yo me daba cuenta que a mi abuelo le llegaba la visita, la gente, a hacerse curar, a hacerse los remedios y… unos felices, contentos, se iban sanos. Hacían un trato, pues, de cómo los iban a curar, con las Plantas medicinales y con el Yagesito. 

Entonces pasó el tiempo, de mi adolescencia, cuando yo ya… no me gustaba ya esto. Muy: “¿Aj, pa’ qué?” decía,”eso no es conveniente”. Y cuando yo me di cuenta, cuando ya tenia más o menos veinte años, miraba gente joven yagesera, y eso en publicación en redes, no sé, del pueblo salían a hacer propaganda, yageseros. Entonces yo dije: “¡Oiga, yo tanto tiempo tomando Yagé y nada! ¡¿Cómo es qué… yo no sé nada?!” Entonces yo le dije a mi padre: “Oiga, le voy a pedir un favor grande” le dije, “yo quiero conocer qué es eso”. Y mi padre contento dijo: “¡Qué bueno que tengas esa decisión de querer aprender, de querer conocer!” Entonces, después ya hicimos un trato, puras lunas llenas tenía que seguir el paso. El paso del mensaje de las Plantas. Primero fue el Yagé y nada, no le podía coger, es que no le entendía. Cuando después ya fue sembrado, como venían los yayas, los caciques sembrando, y así iniciaron conocer las Plantas del Borrachero. Entonces, en Luna llena, fue que él me compartía las clases de Borrachero, para tomar eso con el Yagé revuelto, pero eso fue… 

Aliens: 
¡Intenso!

Luis Alberto:
Pero sí sirvió. Y seguí, vea primero que todo, estos se llaman Quinde, Monchiro, Andaki, Culebro y este es el Amarón, este yo me acuerdo de mi abuelo, entonces así. Entonces ya seguimos con el proceso del aprendizaje con Quinde, por algo es que yo decía Quinde, es que yo, pues nombre ya venía, y cuando la visión me hacia mirar que era un Águila: me salía de aquí unas alas y eso con una energía, pero como si fuera poderoso, eso miente, pero eso son mentiras ¿no? Sí, sí, la visión, la visión que le hace que uno se está llenando de fortaleza, de energía, de sabiduría… unas son bien, sí, que vuele y así. 

Cuando vino otra Luna llena, vino con el Culebro, el Quinde, el Monchiro, aquí está el Monchiro, y en las visiones era… salían las monchiras, vea unas monchiras ¡pero bien bonitas! y eso ayuda al estudio como tecnológico, como le diría occidental ¿no? occidental son psicólogos, de todo un poco, y eso le ayuda a sanar a la otra persona, a detectar que sí tiene cura o no tiene cura, que sí se va a poder o que no. Entonces esto va ayudando así a analizar, no es adivino, a analizar, que es detectar, no es adivino, sí tiene cura o no, sí me comprometo a ayudar o no, entonces eso le ayuda a tomar la decisión. Ese es el Monchiro. 

Este es el Culebro, entonces también, después ya viene el Culebro, y nace de Plantas… y también, lo mismo, eso era serpientes tras serpientes, en el vómito: las culebras; y eso le ayuda en los sueños, a soñar y a analizar. Por ejemplo: uno sueña con tal cosa y dice: ¡Ah! esto es tal y está pasando de esta manera, o me va a pasar de esta manera; entonces siempre lo previene a cuidarse uno mismo. Entonces, es una sabiduría que te enseña como a analizar los sueños. 

Este es el Andaki, el anda aquí, pero se vuelve viajero sin pasaportes ni nada, sin pasajes. Se vuelve viajero. Viaja, pero, mejor dicho ¡a nivel mundial! ¡el mundo entero! Viaja tras viaja, y vea, por eso este me ha explicado que, en lo terrenal, siempre hay que acordarse, encomendarse al Espíritu, al Creador de las Plantas. Entonces allá, cuando estuve en el Más allá, me acordé del Espíritu al que le llamaron Dios. Dios, ayúdame, protégeme, allá me acordé cuando me vi otra vez aquí en el terreno. ¡Uy no! pero vea: tiritaba. Ahí me di cuenta de todo quién yo era, de qué comunidad vino. El kamentsá… el kamentsá ya ha perdido harto el vocabulario, porque el kamentsá antiguamente, antiguamente, lo llamaban que era como… ¿cómo le digo? Ustedes conocen qué es el marrano, el puerco, que hace “ikc” como así ¿no? Entonces, a nosotros indígenas, nos decían que nosotros éramos como ellos. Pues tenían un poco de razón ¿no? porque el hablado no se le entendía. Entonces así, cuando desperté yo hablaba, pero ni se sabía que hablado tenía yo. Entonces ahí me di cuenta, ¿quién soy yo? ¿qué me creo? A la lengua… la lengua la creo el Espíritu, a toda lengua creo el Espíritu ¿Cuántas lenguas que hay? Entonces, eso me ayudó a analizar, primero yo mismo, y a ayudar. 

Y después, cuando ya hice el proceso del caminar, cuando yo tenía las visiones, yo siempre tenía una visión de los yaya ¿no? de los caciques, eran así como una ronda. Así como están aquí una ronda , así eran,  puros indígenas, y ellos eran sabedores, y yo siempre de allá, en una esquina, no me aceptaban a la ronda. No me aceptaban. Pero cuando ya completé mi ciclo, me unieron: ¡Venga! Y me unieron a la ronda a hacer el canto, el canto del remedio, cantaba y entonces me unieron, así en la ronda y ellos me explicaban: “Brinde, brinde la sanación, transmita la sanación de esa parte espiritualmente, claro que sí, ya puede brindar, sanar con la palabra, con el remedito”. 

Entonces de ahí ya comencé, cuando ya cumplí los cuarenta años, comencé a transmitir sanación, empecé a brindar remedios, a sanar con la palabra, así, pero a través… Eso fue mandado, mi padre nunca me dijo: vaya… Vaya —no me dijo— pero la espiritualidad me avisó. Desde ahí ya comencé a transmitir sanación, y ya. A ver, no les acabé de conversar esto que me pasó: cuando ya volví a lo terrenal, eso era pero sueños tras sueños, yo cuando me iba a dormir a las nueve, de nueve a cinco o seis de la mañana, era soñar y soñar y soñar ¡demasiado soñar! No descansaba mi mente. Entonces un día yo cogí así vea, yo me fui y le hablé así, sin consumir nada, y le dije: “Por favor, Gran Espíritu, ayúdame a controlarme”. Cuando después ya fueron dos, tres sueños. Con eso ya vivo feliz de soñar, dos, tres veces en una noche. Con eso ya es tranquilidad, ya no fastidia tanto mi mente la noche, eso no me dejaba dormir tranquilo. Toda la noche soñando, y la noche es larguita… Entonces ya me controlé en los sueños, dos, tres sueños, con eso basta, con eso ya tengo la forma de desenvolverme en esta vida. Entonces, mi progreso es así. Así es, ya les comento ¿no? las clases de Borrachero. 

Y muchas gracias por ponerme esta atención. Disculpará, pues, que no tengo tanta preparación para conversar, pero, al menos, ya nos vamos entendiendo. Así les cuento… y gracias a mi amigo, a mi amiga, a mi amiga, estamos compartiendo estos sueños y qué bonito es tener más personas, así como ustedes, para compartir los sueños; y yo sé que ustedes sueñan también: uno sueña, y ese sueño que hay que analizarlo bien bonito; el sueño más bonito es ser feliz. ¡Ah! y vea y les comento, no les he dado el mensaje del Gran Espíritu: el Espíritu siempre nos da esa… ese amor, esa paz que tenemos que vivir, en cada uno de nosotros; tenemos que vivir en paz tenemos que vivir en sueños bonitos, agradecerle al Gran Espíritu por tan bonita creación que hay, una creación maravillosa que creó a las Plantas, y en donde la gran sabiduría la tiene el hombre, porque a veces no despertamos… ¿Por qué? porque a veces no compartimos con las Plantas, entonces es bonito compartir: aunque sea… querer las Plantitas, quererlas, amar las Plantitas… Y verá que vamos a ir despertando.

Muchas gracias ¿no?